Soñé esto: que Elvis Presley era mi novio, de repente. Que me llevaba a una fiesta familiar (lo que no sé es de quién era la familia), y los rituales se cumplían todos y las advertencias sobre la fama también. Él mismo me aleccionaba pacientemente sobre los problemas de la celebridad y cómo lidiar con eso. Pero más allá de esta curiosa trama, lo que me quedé saboreando durante el día fueron algunas sensaciones del sueño. Él me hablaba dulcemente al oído. Yo tenía una pollera preciosa, de tul hasta las rodillas, y de cintura ajustada; él tenía un color caramelo en la piel, la piel suavecita y hacía calor, había mucha luz y piletas de agua por todas partes. No me acuerdo de ningún olor, pero puede haber sido una mezcla de gomina, con Old Spice, jazmines, cloro y transpiración. Y crema Hinds.
Nada mal.