1.12.07

insisto

Si, en los peores días del invierno, fantaseo con el verano, siempre es así, como fue hoy. Horas elásticas en una vereda, charlas fuertes, en voz alta, risotadas, distracciones individuales en el ruido grupal, tobillos y hombros y pies al aire, pelos mojados, peregrinación hacia algún bodegón para terminar comiendo a la una de la mañana, ausencia de especulación sobre las horas que quedan para dormir, las hojas verdes de cada árbol se diluyen en el negro del cielo. En el comedor chino-peruano de Independencia y Perú (pero shh, cuidemos el secreto) cuando queda poca gente se puede empezar a fumar adentro, bajo la mirada benevolente de la moza.

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