9.12.07

despercepción

Un niño durmiendo en una estación del subte, línea B. Contra la pared la espalda, mentón en el pecho, las piernas relajadas. Todos los que pasan por ahí están intrigados, un hombre se acerca a mirar, le toca la pierna. El niño abre los ojos y le contesta, amodorrado, que nada, que estaba durmiendo. Luego se despereza, se para y se va caminando, sigue su rutina de mendigar monedas. Eso, eso nos parece más natural que verlo durmiendo, cansado como cualquier niño. Quiere decir que sólo una variación del guión nos señala el absurdo de aquello que hemos naturalizado. Y luego seguimos nuestras vidas por donde veníamos, como si todo estuviera bien.

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