24.9.11

ardillas, figuras, palabras





Fui a conocer el Hospital de Jesús, en 20 de noviembre, a dos cuadras del Zócalo. Me habían advertido sobre el contraste entre la fachada, anodina y el interior. Por fuera un muro de zapaterías y formas cuadradas, por dentro dos jardines maravillosos, de una sombra profunda, con ardillas trepando a los árboles. Como todos los lugares donde abunda la luz, la arquitectura colonial mexicana siempre ofrece un descanso fresco y oscuro. El edificio fue fundado por Hernán Cortés y ahí está, escondidito en medio del smog y el lío del centro.


Una señal de incipiente familiaridad con un lugar es que se pueden empezar a usar auriculares en la caminata, sin sentir que la espalda queda descubierta. Así que ahora puedo integrar un poco mi música propia con el paisaje que veo y transito.


Esta semana entrevisté a actores de doblaje. Todos son artistas orgullosos de su oficio y a su vez están acostumbrados al anonimato. En general me respondieron con amabilidad y entusiasmo, y me conversaron largo rato y contaron anécdotas e historias muy divertidas. El fenómeno de oír esas voces familiares me sigue causando un impacto difícil de entender racionalmente, y aún estoy tratando de dilucidar cuál es el foco, el punctum de la búsqueda. Voy a poner sus nombres para no perpetuar este hábito de dejarlos siempre en la oscuridad del trabajo:
Dulce Guerrero, que suele doblar actrices famosas de Hollywood en películas (llamadas live action en la jerga del medio, para diferenciarlas de la animación), y también ha hecho la voz de Fiona, de Shrek, de Anastasia y otras producciones de Disney; Pepe Toño Macías, la voz del Guasón de Heath Ledger, y de todas las pelis de Leonardo Di Caprio; Mario Filio, voz de Obi-wan Kenobi, los pingüinos de Madagascar y muchos más; Marina Huerta, la voz de Bart y Marge Simpson y además directora de doblaje de la serie; Víctor Manuel Espinoza, voz actual de Homero Simpson y por último el gran Humberto Vélez, creador del personaje latino de Homero, que le dio la voz por dieciséis temporadas hasta que un conflicto gremial entre la Fox y el sindicato de actores mexicanos le valió el despido. Con Humberto fui también a visitar el estudio donde se doblan todas las series de Disney, pude ver una sesión de doblaje y conocer a Arturo Mercado, creador de la voz de Speedy González.
Ahora quiero conocer al Tata Arvizu, que es una leyenda del doblaje por su voz de Don Gato y del Super Agente 86, entre otros personajes.

Cada vez que termino una de estas entrevistas me da una ansiedad tremenda por volver a mi casa y guardar los archivos de video inmediatamente en un disco duro; siento pánico de perder esos tesoros. Me vuelvo codiciosa.


Ayer experimenté mi primer embotellamiento, lo cual es casi como un bautizo. Estuve dos horas para atravesar una distancia mediana (pequeña para la escala defeeña).

Hoy fui por fin al museo de antropología, me quedé prendada de las figuritas de barro mayas, toltecas y olmecas. No me movieron un pelo todas las rosetas, columnas, estatuas gigantes y murales, sino las miniaturas. Después caminé largo rato por los bosques de Chapultepec. A la salida me paré en un puesto que tenía unas jaulitas con unos canarios blancos. Se trataba de un sistema de adivinación que nunca había visto: el dueño de los pájaros les ofrece una cajita con papeles doblados y los animalitos eligen esos sobres que contienen oráculos para el paseante deseoso de respuestas. El servicio no es barato, hay que decirlo, pero la visión de unos piquitos escogiendo unos papeles plegados con palabras genera una dosis de poesía surrealista que supera todo.


Con la ciudad tengo sentimientos encontrados que no dejan de intrigarme. ¿No había sido acaso amor a primera vista? Ensayo teorías y hago pequeñas encuestas: parece que es un síndrome clásico del shock cultural, que le llega tarde o temprano al visitante, e incluso al residente de larga data. Son varias oleadas, al cabo de las cuales la relación con el lugar se hace más… verdadera.
Veremos.

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