15.1.08

Percepción II


El verano empezó a agonizar. Nos desorientan los meses de calor que aún quedan, pero la luz ha comenzado a cambiar su inclinación. Es levísimo ese cambio, no sé dónde lo vemos, pero ya está sucediendo. Me intriga mucho este problema de la percepción y también otras habilidades draculianas como por ejemplo sentir el sonido en círculos concéntricos, con sus diámetros de alcance y sus alturas en el aire: allá arriba, aquí más cerca del cuerpo, allá donde los silos, más acá en la vereda, o sobre algún ciprés de la plaza. Los autos, las motos, hacen zumbidos diferentes según el modelo y se oyen al fondo, en el boulevard de la entrada, o viniendo por la calle de la cooperativa, tomando la curva, etc. En este vacío del paisaje, donde cada esfuerzo civilizatorio no ha hecho más que amontonar juguetitos en un gran paño sin arrugas, donde los suicidios, a falta de altura se cometen en el aljibe (siguen en el top five: sogas, raticidas, armas y vehículos), se perciben las presencias, los viajes, las dudas, los movimientos, las despedidas.

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