20.10.09

volviendo

En la terminal de Leones, un colectivo Urquiza gigante se atropella la marquesina del edificio; un pedazo de alero se desmorona sobre la plataforma, caen trozos de revoque grandes como porciones de torta.
Por suerte no es el mío, que está atrasado (y eso no es una suerte porque es de noche, hace frío y esta es la estación más deprimente de la ruta 9).
Luego sueño que estoy parada junto a una pileta, de noche. Cuando decido tirarme, William Hurt me previene con una palabra larga, que no puedo recordar. La exhalación de aire me sirve para planear sobre un charquito; cuidadosamente voy buscando el lugar donde el agua es más profunda y el cuerpo me aterriza, o ameriza, hasta que nado de parada, bien, cómoda, agradecida con W.

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