Entonces, desde la barranca descubro que abajo hay una playa toda esmeralda, como las fotos del Caribe, con sus estratos de verde y azul, y la arena en placas horizontales. Más fantástico aún es un edificio que se levanta en la orilla, todo de oro, con una gran esfera sostenida por unos pilares que parecen un apoyamate. También podría ser el edificio de la Secesión, cubo y esfera, pienso luego.
Como sea, antes de despertar me da una alegría tremenda saber que ese lugar está ahí, aunque nunca lo vi, y aunque vivo en el barrio, por lo cual puedo volver cuando quiera.