Caminar despacio constituye una actitud decisiva y aparece con frecuencia, tanto en los textos de Benjamín como en los textos que a Benjamín le interesan. Dice por ejemplo Franz Hessel: “Caminar despacio por las calles llenas de gente es un placer singular. Uno se ve envuelto por la celeridad de los otros, es como poder darse un baño durante un incendio”. Y dice Robert Walser: “A la gente que va levantando polvo en un rugiente automóvil les muestro siempre mi rostro malo y duro, y no merecen otro mejor. […] Soy contrario en nombre de Dios en lo más hondo de mi ser a toda prisa y atosigamiento. […] Es divinamente hermoso y bueno, sencillo y antiquísimo, ir a pie.” En estos casos se manifiesta una actitud de resistencia hacia las condiciones de la modernización urbana, el que camina despacio se resiste al ritmo de la multitud, de los automóviles, al tránsito vertiginoso, al shock perceptivo de la ciudad que comienza a convertirse en una gran urbe moderna.
(Martín Kohan: Vida urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin, Ed. Trotta, 2007, Madrid.)