Me propuse hacer de cuenta que estoy de viaje otra vez (me senté en un bar, saqué un cuaderno que últimamente sólo sirve para hacer listas de tareas pendientes, y me puse a escribir cualquier cosa, lo que me viniera a la mente, con una hermosa pluma que alguien se dejó en mi casa).
Lo que escribo no me suele servir de mucho, ni ocupa un lugar concreto, ni se despliega ni nada. Pero lo hago, y las cuentas sólo se podrán sacar al final.
¿Dónde está la magia de la escritura? ¿en el papel, en el lápiz, en la tecla, en el sonido? ¿Escribir es realmente arar o es más bien tejer?
Las pantallas de mi casa han hecho mucho contra el hábito de escribir y me han modificado también el hábito de leer. Las pantallas son como palancas que no te dejan estacionar en el lugar. A veces me gustaría mucho desalojarlas de aquí.
Lo que escribo no me suele servir de mucho, ni ocupa un lugar concreto, ni se despliega ni nada. Pero lo hago, y las cuentas sólo se podrán sacar al final.
¿Dónde está la magia de la escritura? ¿en el papel, en el lápiz, en la tecla, en el sonido? ¿Escribir es realmente arar o es más bien tejer?
Las pantallas de mi casa han hecho mucho contra el hábito de escribir y me han modificado también el hábito de leer. Las pantallas son como palancas que no te dejan estacionar en el lugar. A veces me gustaría mucho desalojarlas de aquí.