ahora que me fui, puedo colgar el texto que me ayudó a soportar la vida de oficina por unos años.
está ahí al ladito.
¿te acordás?
Altar
Hace unos días entré al baño de mujeres y me encontré con Ema-entre-dos-turnos. Sobre la cornisa de mármol que hay bajo el espejo grande, en el verde acuático de los azulejos, su botiquín se desplegaba como una flora marina. Pinturas, cajitas, polvos y perfumes, Ema se envainaba las pestañas con un rimel pedregoso. Me pareció todo tan íntimo que salí rápido, mirando bajo.
Pero a pesar de sus esfuerzos últimamente la veo mas agrietada y mas canosa. Algo hay que se está empezando a envejecer en el conjunto. No es alarmante en sí mismo, si no en contraste con sus deseos de control: que el tiempo le pase también a ella es una derrota para todos.
Me tranquilizó pensar que todas esas estrellas que nos cruzamos en los ascensores o que vemos por la tele ya prestan el cuerpo para la experimentación médica y esto nos traerá grandes novedades filosóficas. Especialistas les tallan las superficies y nosotros podemos ir viendo cómo evolucionan desde el sillón de nuestro living. Así que, si todo sale bien, en unos años habrá remedio para todas las caídas y cambios de carne. La próxima vez que me encuentre con Ema en el baño se lo voy a comentar.