2.11.08

En la calle Bulnes, antes de llegar a Corrientes, hay una librería pequeña, de nuevos y usados cuidadosamente escogidos, donde los dueños son verdaderos libreros, de esos que te señalan cosas al pulso de una delicada intuición.
Ahí me recomendaron este librito precioso que se llama Vísperas, de una escritora gaúcha llamada Adriana Lunardi, y que está traducido por Leopoldo Brizuela.
El libro habla de los momentos últimos de un puñado de escritoras y la verdad es que está buenísimo.
Aquí va un fragmento del relato sobre Clarice Lispector:

"Me siento infinitamente más cómoda sin nadie alrededor. Las cosas comienzan a cobrar sentido. Necesito calma para sentirlas, para saber qué significan, si me gustan o no. Se tarda tanto en acostumbrarse a lo nuevo, que parece no haber tiempo suficiente. En lugar de vivir, verbo demasiado irresponsable para tanta exigencia, la gente debería decir estoy dedicándome, como quien se refiere a un trabajo difícil, de esos que exigen cada una de las horas del día."

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