Escuchar la radio de noche en el campo, lejos de todo, es como conectarse con algún planeta lejano; en esa situación siempre me parece que los marcianos pueden pasar a saludar en cualquier momento. Anoche, escuchando a Gómez, pasó algo así. Ronkinkonkin me había dicho, antes de llegar al garage oculto, “me gustaría escuchar una música que me pase por arriba, como un camión”. Vaya que se nos cumplió.