19.2.08

por ejemplo

Por ejemplo
En un mismo día me tomo el 92, se me sienta al lado un pibe con pinta de loco. Efectivamente se pone a hablarme mientras leo, en una forma correcta pero alucinada, y un poco procaz también. Es lindo de cara, pero tiene los dientes destruidos y un aliento mortal. Me pregunta si soy médica (y de hecho me doy cuenta de que remera azul con cuello en V y pantalón azul me dan un aspecto de residente) y qué leo y de qué país soy. Le contesto más o menos hasta que se pone a charlar con un muchacho al frente nuestro. Éste habla poco español. El loco le dice “viste qué linda chica”, el rubio le contesta con una sonrisa tímida. Me pregunta por qué leo a Benjamin y si hago películas (¿?). Bien ahí. Me cuenta que él es residente, que está haciendo unas prácticas en un hospital. Debe tener como 22 o 23 años y es alemán. Se baja. El loco se para y empieza a hablar mesiánicamente para todos los pasajeros. Dice: “En una época yo estaba siempre en plaza Francia. Un lugar lleno de drogadictos, lleno”. Alcanzo a ver su carnet donde dice que nació en el ´80. La foto es horrorosa. Me bajo en Las Heras y Pueyrredón, busco la calle Galileo (otro lindo nombre de calle, por cierto). La encuentro: es fastuosa y no hay ruidos (y ése es su mayor lujo).
Hago mi recado. Vuelvo al ruido. Me tomo el 37, bajo en Plaza Italia. Bordeo el zoológico, entro a trabajar. Salgo unas horas después, la cabeza me zapatea. En la calle Borges me tomo un colectivo a Parque Centenario. Veo el video de un amigo sobre La Salada, lugar fantasma si los hay, cerca de Capital. En la reunión se habla español e inglés y se discuten cosas complicadas, a qué negar. Termina la velada, vuelvo en auto con otros amigos a Almagro. En Quintino Bocayuva nos equivocamos el camino, se alarga el viaje. Llego por fin a casa. En la puerta del edificio cinco chicos de alrededor de 12 años han armado una mesita con un cajón de frutas y juegan a las cartas y fuman. Es la una de la mañana, los vecinos de abajo están todos en la pileta pelopincho, los niños gritan y gritan. Por el patio de luz entra olor a comida, alguien está fritando algo. El vecino de al lado en cambio se prepara para dormir, hace sus sonidos nasales de cada noche, un ruido grave y rasposo, una especie de tic. A eso de las 6 de la mañana, cuando se levante, los va a repetir.
En fin, vivir juntos.

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